"No soportaba mi propia vida. Al menos, no aquella versión de mi existencia. Así que decidí prescindir de ella completamente. Pero la vida era un muchacho indomable y por mucho que fingiera no verle, él no paraba de asomar la cabeza por cualquier resquicio que pudiera encontrar en mis defensas para obligarme a jugar con él.
-¡Ajá! Ahí estás –decía rebosante de entusiasmo, más animado que un dibujo. Al tiempo que yo seguía tumbada en la cama a solas, bebiendo vodka con naranja, con el omnipresente ejemplar de Hello a mi lado-.
Te he estado buscando por todas partes. Oye, no me parece que te lo estés pasando en grande. Vente conmigo, vamos a buscar a alguien para charlar y divertirnos un rato.
-Vete a la mierda y déjame en paz –respondía yo-. Estoy bien así. No tengo ganas de hablar con nadie. Pero ya que estamos, si pasas por delante de una tienda de licores cómprame una botella de Smirnoff.
Pero después de la conversación que mantuve con mi padre decidí que tenía que volver a vivir. Tenía que dejar de pensar en mí misma. Debía hacerlo. Y lo iba a conseguir. "
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